
Las cooperativas como un espacio de reproducción social: alternativa al modo de producción capitalista en ciudad de méxico
Por: Virginia Montoya Aguilar1
Introducción
Wallerstein (2004) comenta que “Desde sus primeros años, la economía-mundo capitalista, que funciona desde hace por lo menos cinco siglos, ha provocado fuertes resistencias por parte de los trabajadores en diversas formas: revueltas campesinas, motines de hambre, movimientos mesiánicos y formas de vandalismo social. Sin embargo, es hacia el siglo XIX cuando por primera vez se constituyen movimientos antisistémicos políticos, organizados y duraderos”, en los cuales “lo comunitario” y la propiedad colectiva constituyeron formas de organización basadas en el “nosotros”.
En el mundo capitalista, donde se explota la fuerza de trabajo, las primeras formas de organización fueron las mutuales y las cooperativas como una alternativa dentro de este modo de producción, por lo que la autogestión y la autonomía se convirtieron en herramientas centrales de la organización del proletariado.
Cooperativismo y autogestión
El cooperativismo y la autogestión son conceptos que han ganado relevancia en la discusión sobre alternativas al capitalismo. En esencia, el cooperativismo se refiere a la asociación de personas que trabajan juntas para alcanzar objetivos comunes, mientras que la autogestión se enfoca en la capacidad de los trabajadores de controlar los medios de producción y gestionar sus propias condiciones de trabajo de manera democrática.
El cooperativismo tiene sus raíces en la Revolución Industrial, cuando los trabajadores se vieron obligados a vender su fuerza de trabajo en condiciones de explotación. En respuesta a esta situación, surgieron movimientos que buscaban mejorar las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores. Según Thompson (1989), en su obra La formación de la clase obrera en Inglaterra, los trabajadores ingleses se reunían en tabernas para discutir estrategias para mejorar sus condiciones de trabajo y vida. La formación de cooperativas fue una de las tácticas utilizadas por estos trabajadores para lograr sus objetivos.
El movimiento cooperativista se ha visto influenciado por diversas corrientes teóricas, como el socialismo utópico y el socialismo científico. El socialismo utópico, representado por autores como Saint-Simon, Fourier y Owen, se enfoca en la creación de comunidades ideales basadas en la cooperación y la solidaridad. Por otro lado, el socialismo científico de Marx y Engels se enfoca en la lucha de clases y la necesidad de que los trabajadores tomen el control de los medios de producción. Estas corrientes teóricas han influido en la forma en que se entiende y se practica el cooperativismo y la autogestión.
El cooperativismo y la autogestión se basan en principios como la solidaridad, la reciprocidad y la confianza. Estos principios se reflejan en la gestión democrática de las cooperativas, donde los miembros tienen voz y voto en la toma de decisiones. La autogestión, por su parte, se enfoca en la capacidad de los trabajadores de controlar sus propias condiciones de trabajo y vida. Esto implica una reflexión profunda sobre la vida cotidiana y la búsqueda de soluciones colectivas a los problemas.
En la actualidad, existen muchos ejemplos de cooperativismo y autogestión en todo el mundo. En México, por ejemplo, se pueden encontrar organizaciones como la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata (UPREZ) y la Organización Popular Francisco Villa de Izquierda Independiente (OPFVII), que luchan por los derechos humanos y la justicia social. Estas organizaciones promueven la creación de cooperativas de vivienda y otras formas de organización social que buscan superar las limitaciones del capitalismo.
En conclusión, el cooperativismo y la autogestión son conceptos que ofrecen una alternativa al capitalismo y promueven la solidaridad, la reciprocidad y la confianza. A través de la historia y los principios del cooperativismo, podemos entender cómo estas prácticas pueden ser una forma efectiva de luchar por la justicia social y los derechos humanos. Los ejemplos contemporáneos de cooperativismo y autogestión en México y en todo el mundo demuestran que estas prácticas son relevantes y necesarias para construir una sociedad más justa y equitativa.
La autogestión en la cooperativa
La autogestión es esencial para la sobrevivencia de las cooperativas frente a las empresas capitalistas. A continuación, se expone la experiencia de la Cooperativa T’íjpani.
En la cooperativa, la autogestión se construye paso a paso, como parte de un proyecto de vida colectivo. Cada integrante tiene tareas específicas según sus capacidades y necesidades. A través del tiempo, las reuniones, decisiones y tareas consolidan un proceso donde todos son escuchados y participan con equidad.
La vida colectiva implica trabajo, diálogo, acuerdos y la claridad de que cada acción es un engranaje del funcionamiento total. La autogestión es coordinación, comunicación y cuestionamiento cotidiano, no solo sobre las labores productivas, sino sobre la vida comunitaria. Asimismo, la cooperativa teje redes con otros proyectos, en un espíritu similar al de los zapatistas: “un mundo donde quepan todos los mundos”. El objetivo es construir condiciones para un modo de producción diferente, sin explotación y valores de uso que ayuden a construir un buen vivir.
La Cooperativa T’íjpani está conformada por cuatro mujeres y cuatro hombres. Sus actividades abarcan desde la elaboración de productos orgánicos hasta la creación de espacios culturales. En el 2007, en la hoy llamada Ciudad de México, fue el inicio de la conformación de la cooperativa. La necesidad de crear un espacio donde el trabajo conjunto con amigos y amigas permita la construcción de alternativas económicas.

“Producir, distribuir y consumir objetos es producir y consumir significados”.
Bolívar Echeverría (1998)
Esta conformación se realizó de la siguiente manera: Claudia, Mari, Abel, formaron parte de Oxlahun, se puede decir la cooperativa madre, la cual proporcionó los cimientos materiales para iniciar: un horno, algunas charolas, etc. Cuando deciden las y el compañero ya no participar en Oxlahun, es cuando deciden Georgina, Ricardo, Marcos, Iván, Virginia unirse con Mari, Abel, y Claudia e iniciar los trabajos conjuntamente, antes de constituirse formalmente ante los marcos legales institucional de la CDMX, creando mesas de madera para realizar la producción y recetas, como la de los panecillos de piña y manzana, hamburguesas de soya, milanesas de trigo, tortas de avena, entre otros.
En un inicio el producto era pensado para todas y todos aquellos que necesitaran alimentos listos para consumir después de una jornada ardua, pues como afirma Veraza (2007) la mayoría de los alimentos que el mercado capitalista ofrece son valores de uso nocivo que provocan enfermedades como diabetes, afecciones gastrointestinales, cáncer, etc. Se visitó varias ferias en las diferentes alcaldías de la CDMX, y se observó que a los visitantes no les agradó la textura, el sabor, y el costo, lo cual llevó a la Cooperativa a ofertar su producto también en lugares especializados, en el marco del inicio de un nuevo mercado de producción orgánica donde el consumo aumentó, pero no se dejó de insistir con amigos y familiares que pasaran la voz y que ellos también los consumieran como un alimento que les permitía mejorar sus condiciones de vida.

En la producción, las mujeres cooperativistas desempeñan múltiples jornadas, algunas combinando trabajo estatal, maternidad y participación en la cooperativa. Las relaciones dentro del colectivo se basan en solidaridad y cooperación: cuando alguna mamá necesita apoyo para recoger a los hijos, las y los compañeros ayudan a ir por ellos a la escuela, mientras las madres se encuentran en la jornada de trabajo. La distribución de remuneraciones se construyó a partir de una asamblea de más de ocho días, que originó un modelo propio, tomando en cuenta los principios de equidad y género.
Las mujeres han ganado autoridad mediante su participación, autogestión y autonomía, trabajando junto a los hombres en un ambiente donde las diferencias se discuten y resuelven colectivamente. Construir un mundo nuevo requiere trabajo constante y la voluntad de no caer en relaciones opresivas.
Conclusiones
El estudio de la Economía Social y Solidaria, junto con la experiencia de hombres y mujeres cooperativistas, muestra que aún existe mucho por analizar. La salida para los trabajadores es la unión de capacidades y necesidades para construir un mundo incluyente, basado en la solidaridad, la cooperación y el comercio justo.
- Licenciada en economía con maestría en historia, profesora titular B en la Facultad de Economía de la UNAM. Desde 2007 es integrante de la Cooperativa Ti´jpani. Fue asesora de cooperativas dentro del Programa Formación y Fortalecimiento de Cooperativas de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo de la Ciudad de México de 2019 a 2021. ↩︎
Referencias
Thompson, E. P. (1989). La formación de la clase obrera en Inglaterra (E. Grau, Trad.). Crítica. (Obra original publicada en 1963)
Wallerstein, I. (2004). Capitalismo histórico y movimientos antisistémicos: Un análisis de sistemas-mundo. Akal.
Veraza, U. J. (Coord.). (2007). Los peligros de comer en el capitalismo, Ítaca.
